PARIS… MON RÊVE ( MI SUEÑO)

Queridos amigos, he estado buscando el mejor momento para contarles nuestro viaje a Paris y todas las cosas que sin duda, no pueden dejar de hacer cuando visiten la ciudad más linda del mundo… Paris, ah!!!… Paris… ciudad donde convergen todos los placeres mundanos… comida, vinos, arte, disfrute, placer! Y es que París estimula nuestros sentidos, al ser una ciudad tan diversa, con tanto que ofrecer…
Nuestra experiencia fue increíble, veníamos de Burdeos, de haber recibido el curso de vinos de Chateau Magnol.  Nos hospedamos en un Hotel muy céntrico, pues somos de la idea de que una ciudad hay que caminarla para sentirla y vivirla. 
Para mi las ciudades también se catan, se viven se sienten… a la vista, Paris es majestuosa, histórica, artística, cultural y diversa, a través del caminar por sus calles se respira tradición, buen comer, buena vida, mantequilla, brioche, cafeterías y terrazas, restaurantes por doquier, y es que la vida del Parisino y sus visitantes es eso, buen vivir, saber vivir… Se toman su tiempo para saborear el momento, sus rituales del comer y beber son sagrados, es una religión que practican tres veces al día, sin permitirse saltarse ni un rezo, ni un bocado, ni un sorbo de vino!
Dejamos las maletas prácticamente tiradas en el Hotel, no nos queríamos perder ni un minuto de Paris… caminamos el Boulevard Haussman hacia el Arco del Triunfo, una de las maravillas más visitadas, subimos al mirador, donde se observa una vista de Paris sorprendente!, se puede apreciar que Paris es una urbe radial, sus calles, asemejan los rayos del sol que parten en todas las direcciones, aún con sus cielos grises, es la ciudad de la luz, pues es la cuna del arte, la literatura, las ciencias… y los placeres mundanos, agregaría yo!.
Luego de apreciar su majestuosidad desde la cúspide del arco, bajamos a pie por la avenida de los Campos Elíseos, una de las principales avenidas de la ciudad, allí vimos comercios, hoteles, restaurantes, y respiramos el ambiente de la ciudad que no duerme.  Bajando se puede observar el Grand Palais luego el Petit Palais, bajamos hacia el puente Alexandre III, que es simplemente maravilloso!... luego el Río Sena, que baña la ciudad y permite al visitante surcar a través de barcos que ofrecen almuerzos, y cenas  con acordes musicales, enmarcando una vista única desde las riberas del río de la ciudad. 
Desde el Puente Alexander III vemos a la derecha, a lo lejos, el símbolo de Paris, La Tour Eiffel, al fente el Hôtel des Invalides y a la izquierda el Louvre, en la ribera del frente el museo d`Orsay, St. Germain de Prés, Le Palais de Justicie… ahhh!! suspiro encantada de estar allí,  quisiera que el tiempo no transcurriera…
Agotados de andar, pero queriendo seguir, llegamos a St. Germain de Prés, nos sentamos admirados, al borde de la calle, en un Bistró que hace esquina, y tuvimos que pedir una sopa de cebolla, y un entrecote con papas fritas… por supuesto que lo hicimos acompañar de un vino francés.
Era hora de dormir, era necesario un sueño reparador, pero no quería! Finalmente, me venció, y seguí soñando pero esta vez, con los ojos cerrados.
Al día siguiente había que seguir la tarea inconclusa, para empezar bien el día, fuimos a Le Cinq, ubicado en el Hôtel George V a desayunar, lujo y buen gusto al extremo, cuidadosos detalles, arreglos florales de película y huevos benedictinos, con jugo de Naranja, en compañía de grandes amigos, que más se podía pedir!
Ese día nos fuimos a Reims para realizar una visita a Taittinger,  que luego les contaré en una entrega posterior.  En Reims, vale la pena visitar el centro de la ciudad, la Catedral y las tienditas que la circundan, allí encontrarán variados souvenirs de Francia. 








Estando allí, no se pueden privar de visitar Le Vintage, se trata de una tienda de vinos excepcional, con gran variedad de vinos y especialistas en Champagne, allí podrán hacer sus compras nerviosas, como yo!






De llegada a Paris, visitamos la tienda La Vignia, impresionante, plena en vinos buenos, buenísimos y excelsos! Que lujo!  Y para cerrar, visitamos el rest. Il Vino de Enrico Bernardo, quien ha sido el mejor Sommelier del mundo, allí tuvimos la oportunidad de estar con él, tomarnos las fotos para el recuerdo, contarle que somos Sommeliers de Venezuela, quienes con orgullo lo visitábamos. 
Se maravilló de nuestra agudeza sensorial, y nuestro saber de cata, pues nos hizo pruebas de vinos a ciegas, y en mucho de los casos, sabíamos la procedencia, la añada y la variedad de los vinos de la prueba.  Allí existen dos tipos de menú de degustación, e increíblemente, a diferencia de los restaurantes comunes, se pide el vino, y te sugieren la armonía con la comida, no a la inversa como estamos acostumbrados.  El servicio es impecable, la variedad de vinos es muy diversa, y los precios son razonables.  Fue una experiencia sensorial única y enriquecedora para todos.


Al día siguiente, a caminar de nuevo, debíamos visitar la catedral de Notre Damme! Pudimos sentir su solemnidad, ver sus vitrales, su dimensión que asombra e invita a meditar, a agradecer, a rezar a Dios, por regalarnos este viaje.  Paseamos sus alrededores, comimos crepés de queso, champiñones, nutella… ummm! Que delicia!, ese fue el desayuno!  Nos sacamos las fotos para la memoria, atravesamos su cara posterior, donde se respiraba un ambiente parisino único, ya que la gente relajadamente paseaba por el parque, se sentaba a leer un buen libro en sus bancos, mientras músicos callejeros ambientaban la escena.  Se respiraba libertad, desarrollo, seguridad! Ah!! cuánto añoramos eso los venezolanos!!…
Mas tarde, decidimos cruzar hacia la Plaza del Hotel de la Ville, sede de la Alcaldía de la ciudad de Paris, de hermosísima fachada arquitectónica, para luego visitar el Centro Pompidou, lugar donde la calle se convierte en extensión del museo, y nos muestra el lado más moderno del arte en todas sus expresiones. 


El arte de la calle, representa para muchos una forma de vida, son libres de expresar sus pensamientos, sus sentimientos en sus obras, que maravillan a los transeúntes del lugar.  Pinturas pasteles en el piso, un Dalí en la fachada de un viejo edificio, esculturas psicodélicas sobre la fuente aledaña, son pequeñas muestras del ejercicio de la libertad a través del arte.
Por si fuera poco para el mismo día, nos fuimos a Montmartre, barrio bohemio y mundano que admira a Paris desde las alturas. 



Montmartre, adornado majestuosamente con su imponente Sacré Coeur, nos muestra la dimensión de la ciudad.  Por sus calles se respira turismo, arte, pintores, músicos, retratistas, poetas… Sus bares y restaurantes, aunque turísticos, ofrecen sabor y placer a sus comensales.  Bajamos por sus calles empedradas hasta el Moulin Rouge, cabaret emblema de la ciudad, nos transportamos a esos tiempos…
Tarde, muy tarde pero a tiempo, nos fuimos a la Torre Eiffel, generalmente nos trasladábamos en metro, por su comodidad y costo… y porque llega a todas partes!
Estando en la Torre Eiffel, tuvimos la oportunidad de verla en todos sus ángulos, cada hora, durante diez minutos, destellaba luces que parecían estrellas y lo eran para mi!.  Como si fuera poca, la magia de Paris!  Era emocionante, mi cuerpo se estremecía al ver semejante espectáculo de luces, en la ciudad homónima!
Subimos a la Torre, visitándola en cada esquina… en la primera parada, vimos un museo para niños, que explica la ingeniería y  la funcionalidad de la misma, enmarcada en el momento histórico en que fue construida.  Luego quisimos entrar en el Rest. Jule Verne, y nos fue imposible!! Que lástima!! Juro que iremos la próxima vez!... para luego subir hasta la cima.. divisamos desde arriba todo Paris, esta vez, de noche! Mas que un sueño!  Arriba, muy arriba, se marcan las direcciones y distancias a las principales ciudades y países del mundo.  Sin saberlo, estábamos a 7619 Kms de casa.
Esa misma noche, aunque no lo puedan creer!, fuimos al Rest. Buddha Bar, que nos encantó! Comimos divino, y su ambiente es sensacional! Un gran Buddha bendice la comida siendo el protagonista del lugar, después de cenar, era inevitable tomarse algo disfrutando la música y su ambientación.
Otra vez a dormir sin querer, era necesario recuperarse para seguir… al día siguiente fuimos al Palacio de Versalles, para ello, hubo que tomar un tren, pues es próximo a la ciudad, pero en las afueras.  Cumplido el itinerario, caminamos por sus jardines, vimos sus fuentes, andamos por todos sus recovecos… estupefactos por tanta belleza, arte y lujo, nos sentamos en el césped a suspirar….  Siempre en nuestras mentes, pasaba la idea de la vidorra que llevaban los Reyes! No nos llevan nada, dijimos!! Jajaja…
De regreso, decidimos ver la Torre Eiffel de día, caminar por sus alrededores llegar hasta la escuela Militar, regresar ver la Torre de nuevo, ir hasta el Palacio de Chaillot… Esa noche comimos en Joël Rebuchon de L`Etoile, al lado del Arco de Triunfo, la experiencia fue placentera al extremo, el lugar está enérgicamente decorado en rojo y negro, con luces indirectas, botellas y adornos exquisitamente puestos en su lugar, la comida es deliciosa, el confit de pato, las chuletas de cordero se deshacen en la boca y nos dejan un sabor sublime.  El postre, chocolate y crema helada de pistacho, fantástico! Y la hospitalidad de su Gerente Juan Moll, quien estaba perdidamente enamorado de una venezolana margariteña! Que orgullo, escuchar eso!
Al día siguiente, nos acompañó lluvia en Paris, no podía faltar esta experiencia, nuestra decisión fue visitar museos en consecuencia, fuimos al musée D`Orsay, allí quedamos maravillados de sus obras, no se lo pueden perder! El impresionismo en su máxima expresión! Obras de Manet, Monet, Degas y sus bailarinas, Renoir y sus destellos de sol, Cézanne, luego Van Gogh y su luz,  mas tarde Gaugin y sus mujeres de Tahití, Touluse-Lautrec y su inspiración de los bailes en Montmartre, cabarets, café-concerts, circos, teatros, prostíbulos…
Mas tarde, al Museo del Louvre, antes palacio de Napoleón, vimos sus jardines, sus estatuas, su imponente y controversial pirámide, desde arriba en la superficie, desde abajo, también la Plaza de la Concordia, la Rue Rivoli y la Plaza Vêndome.  Luego entramos, lo caminamos y lo vivimos… conocimos sus principales salas y las más emblemáticas obras, el apartamento de Napoleón… es imposible recorrer 11 kms de galerías! Aún así, nos llevamos la mejor muestra del arte clásico.
Vimos la más famosa de las Obras, La Gioconda, bien conocida Mona Lisa de Leonardo Da Vinci, rigurosamente custodiada, antes, antigüedades egipcias, griegas y romanas, luego pintura flamenca, alemana con su mayor exponente Rembrandt, mas tarde, pinturas españolas de Murillo y Velásquez.













Extasiados de Paris y sus encantos, cerramos la noche en el Rest. La Tour D`Argent, frente a Notra Damme, y con su vista veladamente cubierta por neblina, nos acompañó durante nuestra gala… Excelso restaurant, por su lujo, tradición, gastronomía y vinos.  Nos asombró desde la entrada, te reciben con un consomé servido en finas tazas de plata, en un vestíbulo cuyo refinamiento y ostentación son a la par de un palacio.  Se pueden apreciar todos los ilustres visitantes que han pasado por allí hasta nosotros…. 
El servicio impecable, la variedad de vinos incomparable a ningún otro lugar que haya visitado jamás.  Y es lo propio, pues es la bodega de vinos más antigua que se tenga conocimiento.  Severamente custodiada, pudimos visitarla en su sótano.  Sencillamente asombrosa, misteriosa, mágica… Te transporta a su tiempo.  La comida  excepcional y clásica, con sus platos insignia como lo son el paté de foie, cannard, y pastelería francesa diversa.

Al día siguiente fuimos a La Plaza de la Opera, donde se encuentra por supuesto La Opera y su museo, vimos después La Madelaine y visitamos Galerías la Fayette, donde lo mejor, fue el templo que le han hecho a sus vinos.  Allí observamos ejemplares únicos, tales como Petrus, Chateau Latour, Chateau Mouton Roschild, Chateau Haut Brion, Chateau D`Yquem, entre otros caldos celestiales, ofrecidos en diversas presentaciones y añadas, donde hicimos la reverencia y oración a nuestros dioses.
Esa noche nos despedimos a lo grande, visitamos el Rest. Alain Duchasse en Plaza Athenée, hermosísimo, soberbio y elegante lugar, allí iniciamos la función, con sendas copas de Bollinger Rosé, seguimos con degustación contentiva de Pâté, Canette, Agneau, Fromages afinés, armonizados con un Cote Rotie Faurié 2009, de la variedad Syrah del Ródano. 

De recuerdo, nos dejaron un ejemplar de su menú y el sabor del deleite supremo en boca.

Al día siguiente, llenos de recuerdos y nostalgia, nos tuvimos que despedir, con la promesa de volver cuanto antes… Santé!

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